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Vilela (Lule - Vilela)

by gerardo last modified 2007-08-21 16:50

La historia, la lengua y la cultura del pueblo vilela han sido escasamente documentadas. A ello contribuyó el hecho de que la mayor parte de la bibliografía especializada publicada durante el siglo XX diera por sentado su extinción o cuasi-Vilela1extinción.

Pensando en términos históricos, resultan innegables la merma poblacional, la dispersión geográfica y la desarticulación política y cultural sufridas por el pueblo vilela. Estos procesos alentaron el progresivo abandono de las prácticas tradicionales y del uso de la lengua. Elena Lozano, lingüista argentina que trabajó en la década del setenta con consultantes vilelas en la provincia del Chaco, señalaba ya por entonces que quedaba un escaso número de hablantes de la lengua. Consignaba además la existencia de unas pocas familias vilelas en el pueblo de Quitilipi (Lozano 1970). Datos etnográficos más recientes, recogidos a principios de los noventa en esa misma provincia, daban cuenta, sin embargo, de una insospechada vigencia de algunos aspectos de la tradición cultural (Terán 1995).

Puede afirmarse que, al menos desde el siglo XIX, contingentes vilelas quedaron integrados social y culturalmente en comunidades tobas. En el presente, no existen comunidades vilelas, aunque sí personas y familias auto-identificadas como tales. En la Argentina, este pueblo no tiene aún representación política y legal.

Su vida se desarrolla actualmente en condiciones socio-económicas que reflejan los patrones típicos de la población aborigen del área chaqueña en general. En las zonas rurales, actividades económicas tales como la agricultura (en general, tareas estacionales de siembra o cosecha), la ganadería y los obrajes ocupan trabajadores indígenas como mano de obra barata. El sustento de la unidad familiar se completa con cultivos en pequeña escala (algodón, mandioca, maíz, alfalfa) destinados tanto al autoconsumo como a su comercialización y, en menor medida, con la "marisca", término criollo para la caza, pesca y recolección. En los asentamientos periurbanos, algunos integrantes del grupo familiar pueden estar empleados en el sector informal o en la administración local.

La inexistencia de registros recientes, la mencionada situación de integración sociocultural con otros grupos y la gran dispersión geográfica de la población vilela actual, hacen imposible calcular su número. Los resultados de la Encuesta Nacional de Poblaciones Indígenas, actualmente en marcha, serán de vital importancia para echar luz sobre este punto.

Historia

Para el siglo XVII, las crónicas españolas comienzan a identificar con el nombre de "vilelas" a diversas parcialidades asentadas sobre ambas márgenes del curso medio del río Bermejo, en el Chaco central. En la conformación de lo que los misioneros jesuitas denominaron por entonces "nación Vilela" quedaron integrados grupos de Vilela2procedencia diversa, algunos de los cuales habían sido incorporados compulsivamente al mundo colonial desde el siglo XVI, principalmente a través del sistema de trabajos forzados denominado encomienda.

Según lo consignado por los misioneros jesuitas, componían la "nación Vilela" y hablaban su lengua los vilelas -en sentido estricto-, chunupíes, pasaínes, atalalás, uacaás, ocoles, ipás, yecoanitas, yoocs o guamalcas, omoampas y yeconoampas (Furlong Cardiff 1939).

Entre estas parcialidades parece haber habido algunas orientadas hacia la caza y recolección nómades, y otras más inclinadas a la agricultura sedentaria y la cría de ovejas. Estas últimas habían desarrollado industrias como el tejido en telar. Los vilelas pertenecían al grupo de "indios de a pie", aunque algunas parcialidades habrían llegado a adoptar el caballo; también se trasladaban en canoas, que utilizaban además para la pesca en los ríos. Las fuentes históricas coinciden en describirlos como un pueblo pacífico, dado al canto y al baile, y aunque hábiles en el manejo de las armas, sólo iban a la guerra para vengar agravios o defenderse del ataque de otros pueblos. Excepto quizás las alianzas entre parcialidades en el terreno militar, no parecen haber existido entre ellos formas consolidadas de centralismo político, más allá del liderazgo y la autoridad relativa del cacicazgo. Las prácticas shamánicas, que estaban extendidas, otorgaban también status social y cierto poder (Lozano 1970).

En los siglos posteriores, algunas de estas parcialidades iniciaron procesos migratorios siguiendo la línea del Bermejo y extendiéndose hasta las costas del río Paraná, lugar donde las fuentes históricas ubican los últimos grandes asentamientos vilelas, a fines del siglo XIX (Fontana 1977). Al parecer, otros grupos permanecieron en su antiguo hábitat o migraron en dirección noroeste, integrándose en comunidades wichí de la provincia de Salta (Pelleschi 1881).Vilela4

A principios del siglo XX, se registraron asentamientos de familias vilelas trabajando en condiciones de semiesclavitud, tanto en las plantaciones de azúcar del Ingenio Las Palmas como en campos agrícolas de colonos extranjeros, en la provincia del Chaco.

Geografía

Actualmente, no existen comunidades vilela con base territorial y la población presenta una gran dispersión geográfica, con centro en las áreas de ocupación histórica reciente en la provincia del Chaco, que incluyen zonas rurales y barrios periféricos de centros urbanos como Resistencia o Quitilipi. Migrantes vilelas chaqueños han sido localizados también en la provincia de Santa Fe y en el Gran Buenos Aires. Asimismo, existen datos sobre familias identificadas como vilelas en otras provincias del país.

Lengua

La lengua vilela ha sido considerada extinta o casi extinta. Durante las décadas del sesenta y del setenta, Clemente Balmori y Elena Lozano, lingüistas de la Universidad de La Plata, localizaron en el Chaco algunos hablantes competentes en esta lengua y elicitaron información lingüística relevante.

En los últimos treinta años, se ha producido un fenómeno de cambio del vilela por las lenguas toba, mocoví y español. Actualmente, sólo quedan pocos hablantes que manifiestan diferentes grados de competencia en la lengua nativa.

A pesar de que la información sobre esta lengua es escasa, fuentes publicadas en el siglo veinte (Balmori 1967 y Viegas Barros 2001, entre otras) afirman que pertenece a la familia lingüística lule-vilela.

Entre sus características tipológicas, el vilela manifiesta un bajo grado de aglutinación, en comparación con otras lenguas chaqueñas, como también una marcada tendencia a la sufijación (Furlong Cardiff 1939 y Lozano 1970, 1977). Este último rasgo ha llevado a algunos autores a relacionar la lengua vilela con las Vilela3andinas (Lafone Quevedo 1895).

Siguiendo a Elena Lozano, "el verbo vilela presenta siete categorías flexionales: persona, modo, tiempo, aspecto, negación, número e interrogación" (1977:113-114). Su descripción del sistema fonológico comprende 29 fonemas. Las consonantes están distribuidas en una serie de oclusivas sordas y sonoras, una serie de oclusivas glotalizadas, una serie de fricativas sordas, una vibrante, una lateral sorda y una sonora, dos nasales (bilabial y alveolar), una oclusiva glotal y dos semiconsonantes. Se registra un sistema de cinco vocales: dos no redondeadas (una cerrada anterior y una cerrada posterior) y tres redondeadas (una abierta central y dos vocales cerradas medias -una anterior y una posterior).

Equipo vilela

Lucía Golluscio (lingüista), Marcelo Domínguez (antropólogo), Carlos Masotta (antropólogo visual), Analía Gutiérrez (asistente lingüista) y Florencia Ciccone (asistente lingüista).



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